Este texto surge a partir de una experiencia de exclusión vivida dentro de una comunidad religiosa específica. No cuestiona la fe ni a la Iglesia como totalidad, sino determinadas prácticas institucionales que, en nombre del orden o la corrección moral, reproducen silenciamiento y disciplinamiento, especialmente sobre mujeres con voz propia. Hoy no vengo con tecnicismos ni poemas. Vengo con gritos. Porque en este mundo, ser una mujer inteligente, licenciada, deseosa, con voz