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La mierda

  • prensaromabrann
  • 19 ene
  • 1 min de lectura


Este texto surge a partir de una experiencia de exclusión vivida dentro de una comunidad religiosa específica. No cuestiona la fe ni a la Iglesia como totalidad, sino determinadas prácticas institucionales que, en nombre del orden o la corrección moral, reproducen silenciamiento y disciplinamiento, especialmente sobre mujeres con voz propia.

Hoy no vengo con tecnicismos ni poemas.

Vengo con gritos.

Porque en este mundo, ser una mujer inteligente, licenciada, deseosa, con voz propia, que puede hablar libremente de sexo, cuestionar instituciones y además tener reconocimientos en su haber, puede resultar peligroso para comunidades con estructuras reglamentadas y rígidas.

Lo que no saben es que la mujer que soy hoy se construyó a golpes.

Que todas nos construimos a golpes.

Tengo suficiente calle caminada, noches difíciles y también suficiente historia como para saber cuándo un reclamo es legítimo y cuándo una estructura se siente amenazada y se reagrupa mediante murmullos y chismes legitimados en nombre de Dios.

Hay instituciones que no temen al error: temen a las mujeres que piensan, que preguntan y que no se dejan domesticar. Porque les encanta la mujer callada y sumisa. Pero sepan algo con claridad: esa no soy yo.

No importa.

Aunque les parezca imposible, sigan pidiendo silencio, aceptación y obediencia. Traguen su propio veneno moral, que como dice un grande ´´todo se equilibra al final´´.


Rbrann


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