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Dos mensajes, dos mundos

  • prensaromabrann
  • 19 ene
  • 2 min de lectura

Me levanto, pruebo un sorbo de café.

Empiezo la mañana casi en piloto automático. Ese piloto automático que me rompió hace diez años atrás, pero que cada tanto vuelve, haciéndome olvidar del presente.

En un mismo horario recibo dos mensajes diferentes: uno celebrando la vida, otro anunciando la muerte de una alumna.

¿En qué espacios se entrelazan la vida y la muerte? ¿Cómo se conjugan esos dos sentires? ¿Será que se entretejen como las luces y sombras que conviven en uno mismo cada día?

Me quedo en shock un rato. No puedo reaccionar.

Miro un punto fijo. Tengo que cancelar clases. Tengo que escribir algo. Quiero escribir algo. Quiero recordar su risa. Quiero recordar los últimos momentos que compartimos en clase. Quiero recordar su magia.

Me quedo con el celular en la mano en silencio al menos 20'. Probablemente disociada porque el cuerpo es sabio y la mente también: "esto lo viviste de otra manera hace un tiempo atrás, mejor vamos a irnos", me susurra mi otro yo.

Un ladrido de mi perro Sami me trae de nuevo al aquí y ahora y activo. Intento recuperar grabaciones anteriores donde estaba ella, donde nos reíamos, pero están borradas. Entonces todo aquello ahora queda en mi recuerdo.

La muerte nos recuerda que somos finitos y eso nos interpela sobremanera. Me interpela como aquel Julio de 2015.

En el mientras tanto, felicito a mi alumna Barbie por otro año de vida, de goce, por otra vuelta al sol. También quiero abrazarla, pero está lejos.

Esto de la virtualidad y la distancia me desespera.

Me quedo en shock, pero pienso: qué honor haberte conocido, qué hermoso haberte escuchado reír, que gratitud siento de que ambas me hayan elegido y me elijan como profe. Qué gratitud poder sentir.

Al fin y al cabo, el amor es lo único que trasciende.

Gracias, Itatí, por tus escritos y magia.



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